¿Cual es el peor pecado de todos?
La Arrogancia ≠ Ignorancia
La arrogancia, o la soberbia, seria el peor pecado de todos, porque define a una persona que se siente superior, orgullosa de manera desagradable y que desprecia y/o no escucha a los demás. Otros sinónimos incluyen engreído, presuntuoso, altivo, insolente o vanidoso.
A veces se encaja el termino de ignorancia a esta definición de arrogancia, pero no son lo mismo.
La ignorancia también a cierto grado puede ser el peor pecado de todos, pero la diferencia con la arrogancia es que la persona ignorante simplemente no es consciente y por ende no tiene malas intenciones. La persona arrogante si tiene intenciones malévolas.
La palabra ignorancia tiene una connotación negativa, entonces es preferible usar otra palabra sinónima como el: desconocimiento. Cuando alguien que no es consciente es presentado con nueva información, y no lo rechaza, y lo toma como una parte (aunque sea) de la verdad, no es equivalente a ser arrogante. Es una persona con intenciones benévolas que comprenden que la verdad es todo. Que cada perspectiva unificada en este mundo es la verdad total. En otras palabras, el amalgama de todas las perspectivas (verdades) subjetivas componen a la verdad objetiva.
¿Qué es la arrogancia puesta en términos analógicos? Es como una escalera. Una forma de pensar en sentido vertical. El pensamiento vertical coloca a una persona arriba y a la otra abajo. Hace que una persona valga más y la otra menos. Reconoce que una persona tiene razón y la otra está equivocada.
Todos tenemos, la mayoría de las veces, una forma de pensamiento de sentido vertical que nos está limitando y por ende deberíamos practicar más el concepto del Namaste.
El namaste es un saludo tradicional de la India y Nepal derivado del sánscrito, que literalmente significa "me inclino ante ti" y se utiliza para mostrar respeto, agradecimiento o como bienvenida/despedida. Espiritualmente, se interpreta como "la luz/divinidad en mí honra a la luz/divinidad en ti".
Es básicamente un reconocimiento del alma en uno por el alma en el otro. Cuando reconocemos el alma en el otro, nos enfrentamos a la verdad: «sin superioridad, sin inferioridad… ni siquiera iguales… sino que reconocemos, que somos uno». Abandona la idea de que tú tienes razón y ellos están equivocados, o de que ellos tienen razón y tú estás equivocado.
Indaguemos en considerar las diferentes perspectivas del otro como diferentes ángulos de la verdad. ¿Qué estamos pensando, diciendo o haciendo actualmente que nos impide experimentar la unidad? Intentemos sentir el alma dentro de la otra persona. Miremos más allá de lo externo para ver qué es lo que tenemos en común entre todos nos’’otros”.